El día 20 de septiembre, en la Casa de Cultura de Torrelodones, se presentó un libro sobre la gestación subrogada que la defiende como opción para satisfacer el deseo de muchas parejas de cumplir el sueño de ser padres.

Algunas personas ven frustrado este deseo por la imposibilidad de conseguir un embarazo o por los impedimentos que encuentran para llevar a cabo la adopción, no solo por los engorrosos, complicados e interminables trámites que exigen las administraciones, sino porque en muchos casos es la ley la que no lo permite.

Hace ya varios años que en algunos países latinoamericanos y del este de Europa se optó por esta vía: conseguir que fuera otra mujer la que llevara adelante el embarazo, previa compensación económica. Fue lo que en aquel momento se llamó “vientre de alquiler”, y que ahora, eludiendo la indudable carga clasista y mercantilista del fenómeno, se denomina “gestación subrogada”.

Alrededor de esta situación han crecido como setas las agencias intermediarias, que viendo el negocio que supone, han carecido de escrúpulos para enriquecerse con este nuevo producto de mercado que es, otra vez, la mujer; o más concretamente, el cuerpo de la mujer, su útero.

Desde un punto de vista ético es rechazable que, una vez más, se trate a las mujeres de forma mercantilista, se las cosifique.

En toda sociedad plural existen diferentes posiciones sobre este asunto y por eso, en Confluencia Ciudadana, creemos que merece un debate profundo y maduro. Tanto como lo merece la prostitución, otro ejemplo de cosificación del ser humano y, por ello mismo, frontalmente contrario a la dignidad de la persona.

Se defienden ciertas posturas amparadas en la libertad de la mujer para decidir hacer con su cuerpo lo que ella quiera. En Confluencia creemos que la libertad solo existe cuando las decisiones no están sometidas a la necesidad económica, cuando las mujeres son libres y cuando ninguna es explotada porque se ha garantizado su igualdad material de oportunidades.

La gestación subrogada no debería ser un intercambio mercantil. El argumento para pedir la legalización de la gestación subrogada es que es algo que ya está ocurriendo, y solo por esto habría que regularlo y normalizarlo. El mismo argumento que se emplea para la prostitución.

En el siglo XXI, la mujer debe dejar de ser un producto de mercado. Ninguna mujer ha de verse en la necesidad de tener que vender su cuerpo.

Nuevamente nos enfrentamos a una situación de mercantilismo a costa de la pobreza de muchas mujeres para satisfacer deseos ajenos y favorecer el enriquecimiento de otros.

Para tratar de comprender la situación, planteamos una reflexión: si se legalizara este negocio, ¿nos gustaría que nuestras hijas optaran por la gestación como forma de vida? ¿O simplemente como una manera de sacar un dinerito para caprichos? ¿O nuestras hermanas? ¿O nuestras esposas?

Hay opiniones que mantienen que a esas mujeres se les está haciendo un bien, y que las mujeres que se prestan a ello lo hacen libremente. Si esto fuera así, no debería importarnos que nuestras hijas, esposas, compañeras o hermanas, eligieran libremente someterse a embarazos remunerados durante toda su vida fértil.

En una sociedad sana y avanzada, los derechos y la dignidad de la mujer se encuentran fuera de las cosas que se pueden comprar o vender.

Por todo lo expuesto, en Confluencia Ciudadana afirmamos que esta situación no se debe tratar de manera frívola y unilateral, sino que se hace imprescindible un debate serio y en profundidad. Debate que echamos en falta en nuestro pueblo.