“…estaremos bailando hasta que salga el sol…” (dice la canción)

Ya llegan las fiestas de la Colonia; y las del Pueblo en apenas un mes.

Hablamos de fiestas y nos invaden imágenes de música, baile, alboroto, alegría y gente; gente que sale a la calle a encontrarse con más gente que conoce, que saluda cada día, porque comparten pueblo.

En Confluencia nos gustan las fiestas que saben a fiesta y que saben a pueblo, y las fiestas traen consigo ruido, música y poco dormir, pero también es tradición, es cultura y es seña de identidad del pueblo donde hemos elegido vivir porque nos gusta que sea así, que sea pueblo.

En los últimos cuatro años vivimos la proximidad de las fiestas con la incertidumbre de si habrá un recinto ferial, si habrá fuegos artificiales, si habrá música, si habrá feriantes…. y mientras nuestros gobernantes se debaten en la duda sobre a quién dar gusto, las fiestas de nuestro pueblo, que siempre habían sido un referente en la zona, van muriendo poco a poco, año tras año.

Así como ser padre o madre no significa ser el colega de los hijos, también quienes gobiernan tienen la obligación de tomar decisiones que no siempre serán del agrado de todo el mundo, porque no se puede gobernar sin un criterio político. Y echamos de menos ese criterio ante la pregunta: ¿Qué fiestas queremos para nuestro pueblo? La respuesta queda en suspenso, porque, hasta ahora, la sensación que tenemos es que “sobrevivimos” a las fiestas evitando conflictos, y su celebración no parece ir más allá de cumplir con ellas porque es obligado hacerlo, sin mostrar el más mínimo interés en que supongan diversión y disfrute para la ciudadanía.

No olvidemos que las fiestas son, además, una oportunidad para nuestros comercios, para nuestras asociaciones, para nuestra juventud, con quienes se debería desarrollar un proyecto de fiestas con capacidad de decisión y con un presupuesto asignado. Quizás sea en ese foro donde haya que responder y decidir “qué fiestas queremos”.

Porque los fuegos artificiales son tan legales en la Colonia como en el Pueblo y, sin embargo, no sabemos bajo qué criterio se han anulado en este último.

Porque la alcaldesa tiene potestad para poder anular la ordenanza por ruido por una noche… o más…

Porque la palabra convivencia y la palabra respeto, también implican respetar las tradiciones y costumbres del pueblo que hemos elegido para vivir y porque unas fiestas participativas y tradicionales, también ayudan a construir un Torrelodones mejor.

Y por eso, también en fiestas, seguimos trabajando.